¿Tenemos miedo?

Hoy celebramos la Vigilia de Pentecostés. Y somos muchas veces como ese grupo de discípulos que se encerró por miedo a los judíos. Nosotros estamos encerrados, sobre todo en nosotros mismos. Con nuestros problemas, en nuestros agobios, en nuestros secretos inconfesables, con nuestros sufrimientos que nos parecen insuperables. Y sí, tenemos miedo de ser generosos, de dar nuestro tiempo a los demás, de hacer el bien al de al lado y al lejano también. 

Pero se nos olvida, dónde estaban los discípulos y con quien estaban. Se reunían en el lugar donde el Maestro les lavó los pies y ofreció su vida sacramentalmente  y estaban junto a la Madre, que como una columna los sostenía con su presencia y en la oración. 

Debemos ir corriendo al cenáculo, allí nos espera María que nos consolará en nuestras angustias, y nos señalará el cielo para que recibamos el Espíritu Santo que nos es tan necesario. Porque tenemos miedo de lo que mata nuestra vida que es como dijeron los de antes: el mundo, el demonio y la carne. Tenemos miedo, miedo a darnos, a entregarnos; a ser felices.

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