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Enséñanos a orar.

     Los discípulos que seguían a Jesús eran judíos y como buenos seguidores de la ley de Moisés desde pequeños habían sido enseñados a rezar a Yahvé. Entonces, si esto era así, ¿por qué le piden a su maestro que les enseñe a orar? Algo tuvieron que ver en su manera de dirigirse a Dios que era distinto y la verdad es que si repasamos los evangelios hay muchos acontecimientos donde Jesús descoloca a sus seguidores y estos constantemente están preguntándose cómo es que actúa con tanta libertad y autoridad que en muchas ocasiones pone en aprietos a los escribas y fariseos. Vieron que la vida de su maestro era fruto de la relación que tenía este con el Padre y ellos también querían eso porque tenían necesidad de orar bien, de orar como Jesús. Y nosotros, ¿sabemos orar? o ¿Cuando nos dirigimos a Dios salen espontáneamente nuestras palabras, normalmente para pedirle favores? Nadie nace sabiendo orar, somos instruidos generalmente por nuestros padres o nuestros abuelos en como...

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!»

María Magdalena no era la mujer pecadora que besó los pies a Jesús. Tampoco fue la adúltera que Jesús evitó que fuera lapidada. Todos estos equívocos  que ha sido incluso plasmados en obras pictóricas nos han impedido durante mucho tiempo contemplar la figura de esta mujer a la que San Agustín llamo "apóstola" de los apóstoles.    María Magdalena fue una mujer sanada, Jesús expulsó de ella siete demonios que nos muestra la importancia de su curación, y sobre todo una mujer agradecida que acompañó al maestro, sirviéndolo con sus bienes al igual que otras santas mujeres. Además estuvo junto a la cruz con la Virgen María y San Juan. Y tal vez lo más importante: fue la primera al quien Jesucristo resucitado se apareció.   Resulta curioso que María Magdalena necesitara que Jesús la llamara dos veces para que lo reconociera. Fue cuando la llamo por su nombre, el momento en que ella lo identificó: ¡Rabbuní! Decir "María" para Jesús era dar a conocer toda la curació...

Hoy pasará Cristo por las calles.

Hoy pasará por las calles El Cuerpo de Cristo portado en la custodia. Muchos lo verán, pero, ¿cuántos lo contemplarán? ¿Cuántos serán como la hemorroisa que en medio del gentío tuvo la fe necesaria para ser curada de ese flujo de sangre que no cesaba? Esa mujer cuya vida se le escapaba tocó a Cristo y fue restituida su salud.  Al igual que ella, la Iglesia necesita ser sanada de sus heridas No somos un club selecto donde unos pocos alcanzan un conocimiento sobre los demás; precisamos de la gracia para salvarnos, estando unidos a la vid que es Cristo, y se hace urgente volver a la fuente, volver al primer anuncio, sentarse en Nicea y proclamar que Jesucristo es el Hijo de Dios. y que sus palabras y su enseñanza no se han de acomodar a este mundo, sino que tienen que ser ofrecidas con amor a este mundo.

¿Tenemos miedo?

Hoy celebramos la Vigilia de Pentecostés. Y somos muchas veces como ese grupo de discípulos que se encerró por miedo a los judíos. Nosotros estamos encerrados, sobre todo en nosotros mismos. Con nuestros problemas, en nuestros agobios, en nuestros secretos inconfesables, con nuestros sufrimientos que nos parecen insuperables. Y sí, tenemos miedo de ser generosos, de dar nuestro tiempo a los demás, de hacer el bien al de al lado y al lejano también.  Pero se nos olvida, dónde estaban los discípulos y con quien estaban. Se reunían en el lugar donde el Maestro les lavó los pies y ofreció su vida sacramentalmente  y estaban junto a la Madre, que como una columna los sostenía con su presencia y en la oración.  Debemos ir corriendo al cenáculo, allí nos espera María que nos consolará en nuestras angustias, y nos señalará el cielo para que recibamos el Espíritu Santo que nos es tan necesario. Porque tenemos miedo de lo que mata nuestra vida que es como dijeron los de antes: el m...

¿Amo de verdad a Dios?

Cuando decimos que amamos a Dios, solo hay una manera de comprobarlo: ¿amamos  al hermano? Porque si decimos Dios es Amor y cerramos nuestro corazón al hermano, estamos lejos  de amar a Dios. Pero Él con su infinita misericordia sí que nos ama,  pero puede que al no percibir ese amor, no podamos dar respuesta al amor al prójimo. Es sencillo: te sientes amado, puedes amar; no te sientes amado; no puedes amar. Pidámosle al Señor que nos muestre todos los días su amor hacia nosotros, sobre todo en aquello que nos resulta difícil aceptarnos, cambiará nuestra mirada hacia el hermano.

PEREGRINACIÓN A COVADONGA

DIARIO DESDE EL 27 AL 31 DE JULIO DE 2024   PEREGRINACIÓN A COVADONGA.   Día 26/07/2024   Llegué a la parroquia sobre las 22:45 y somos pocos los que estamos todavía, porque siguiendo la costumbre, los peregrinos van llegando poco a poco y la mayoría a partir de la hora en que estaba previsto el comienzo de la Eucaristía. El evangelio que se proclama es en el que Jesús explica la parábola del sembrador. Me llama la atención que se nos regale este texto antes de salir porque nos ayuda a estar vigilantes y tener la voluntad de ser tierra buena donde la palabra de Dios encuentre acogida en nuestro corazón. Nos anima a vivir estos días con disposición a que el Señor nos hable también en las vicisitudes que vayan surgiendo.   Finalmente conseguimos emprender la marcha pasadas las doce de la noche y el trayecto transcurre intentado dormir y despertándonos varias veces para acabar rendidos por el sueño después de muchos intentos de acomodar el cuerpo de much...

Testigos como Santiago.

  25 de julio de 2024 "..pero nosotros predicamos a Cristo crucificado....u n Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios ." 1 Cor 1, 23a.24b  Cuando rezamos, ¿a quien nos dirigimos? ¿A un Dios que descuaja los cedros y se sienta sobre el aguacero como dice el salmo? Sí, pero esa fuerza que el Señor posee no le viene de un poder que ejerza para dominar al hombre, sino para llegar incluso a ponerse a su servicio y hasta morir por él. Santiago, el primer apóstol mártir, dio su vida por ser testigo de Jesucristo, muerto y resucitado; y pudo hacerlo desde la fuerza de la cruz, que no es otra cosa que el amor hasta el extremo. Quiera Dios que podamos ser testigos como Santiago de la manera que Dios tenga a bien, pero sin imponernos a nadie, sólo con el arma de nuestra vida orientada a Cristo y cuando sea necesario con la predicación de la Cruz.